INFORMACIÓN Y DISCULPAS EVENTOS ADVERSOS

DEBER DE INFORMAR Y PEDIR DISCULPAS CUANDO SE PRODUCE UN EVENTO ADVERSO.

 

Según la OMS uno de cada diez pacientes hospitalizados sufre un evento adverso y según los datos que nos aporta la Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud (Período 2015 a 2020), la incidencia media de eventos adversos asociados a la hospitalización es de un 9’2% de los cuales se podían prevenir un 43’5%, y se han identificado un 7% que han derivado en una incapacidad permanente y relacionados directamente con la muerte un 7’4% (Estudio Nacional de Eventos Adversos Asociados con la Hospitalización. ENEAS).

El sistema de salud ha evolucionado hacia una mayor complejidad de la atención tanto desde el punto de vista tecnológico como organizativo y esta realidad objetivamente incrementa el riesgo de producir daños al paciente. Reducir los errores que pueden provocar eventos adversos con daño al paciente se está convirtiendo en una prioridad de nuestro sistema sanitario.

Errores con daño hay de muchas clases, dejando de lado los que contribuyen o causan la muerte del paciente, los podríamos categorizar de la siguiente manera:

– Error que causa daño temporal al paciente y precisa intervención.

– Error que causa daño temporal al paciente y precisa hospitalización o la prolonga.

– Error que causa daño permanente al paciente. Y

– Error que compromete la vida del paciente y precisa de intervención para mantenerla.

Estos eventos adversos que provocan daño o complicaciones y conllevan una prolongación de la estancia hospitalaria, una discapacidad en el momento del alta o la muerte, pueden ser debidos a diferentes tipos de error: en la medicación, de identificación, de transfusión, quirúrgicos, nutricionales, caídas, infecciones asociadas a la asistencia sanitaria, …

Se estima que en España un 15% de los profesionales se ven involucrados en un evento adverso grave y que 6 de cada 10 profesionales sanitarios han conocido la experiencia de la segunda víctima que es aquel profesional que participa en la producción del error i/o la lesión al paciente y queda de algún modo traumatizado por lo sucedido.

Según los estudios la experiencia de un evento adverso provoca sentimiento de culpa y ansiedad en los profesionales segundas víctimas, con algunos factores adicionales:

– Pérdida de la autoestima.

– Dudas de cómo informar a los pacientes, compañeros o superiores, y sobre la corrección de las decisiones clínicas adoptadas.

– Pesimismo, tristeza, cansancio, confusión e insomnio.

– Dificultades de concentración. E

– Incluso pueden llegar a cuestionarse la continuidad en la profesión.

Como podemos ver un panorama bastante desolador en el terreno de los profesionales protagonistas pero no lo es menos si nos fijamos en la otra cara de la moneda que son las primeras víctimas -los pacientes- y en cuál es el impacto emocional que sufren:

– Tristeza, ansiedad, depresión,

– Miedo a ser víctima de futuros errores. Desconfianza.

– Frustración si el error se podía prevenir.

– Enojo por la prolongación de la estancia hospitalaria.

– Agresividad.

Ante los errores o las negligencias asistenciales que produzcan un daño o complicación no esperado en el paciente existe una obligación legal, ética y asistencial de informar con prontitud y de forma franca y veraz al paciente sobre qué ha pasado, porque ha pasado, cuáles son las consecuencias y qué se hará para evitar que se reproduzca el error en el futuro.

Las razones para informar al paciente que ha sido víctima de un evento adverso grave que le ha causado un daño son:

  • Jurídicas: es una obligación legal contemplada en todo el corpus legislativo sanitario. Desde la Ley General de Sanidad, hasta la legislación básica estatal y autonómica sobre autonomía del paciente, pasando por la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, y las Cartas de Derechos y Deberes, se regula el derecho del paciente a saber, es decir a recibir una información veraz de todas las actuaciones asistenciales que se ha de comunicar de forma comprensible y adecuada a sus necesidades. Las historias clínicas deben ser integradas y completas y deben recoger todos los episodios asistenciales y la identificación de los profesionales que intervienen.

 

  • Éticas: el respeto a las personas debe presidir la relación clínico-asistencial, lo que los pacientes esperan es una explicación (qué, cuándo y por qué) y una disculpa, los pacientes se sienten mejor después de una revelación honesta y compasiva, y se abre la vía para la reparación del daño (principio de justicia).

 

  • Deontológicas: El Código de deontología de la OMC (2011) en su artículo 17 establece que el médico debe asumir las consecuencias negativas de sus actuaciones y errores, ofreciendo una explicación clara, honesta, constructiva y adecuada. Y el Código de Ética de las enfermeras y enfermeros de Cataluña en su apartado dedicado a la seguridad de la persona atendida establece la obligación de reconocer los errores cometidos.

 

  • Asistenciales: es la manera de recuperar la confianza perdida que debe presidir la relación entre el profesional sanitario su paciente, permite un alivio del malestar psicológico que influye negativamente en la salud del afectado y es absolutamente necesario para obtener el consentimiento para realizar nuevas actuaciones para reparar el daño.

Sé que es fácil decirlo, sobre todo para quien nunca se verá involucrado en un evento adverso si no es como víctima, y muy difícil de afrontar por los profesionales y las instituciones implicadas que además son segundas y terceras víctimas , respectivamente.

Parece que los profesionales pueden estar más dispuestos a solicitar disculpas que a admitir responsabilidad o culpa y que sus principales expectativas cuando se encuentran involucrados son las de recibir apoyo de los colegas y de la institución y ayuda para revelar lo ocurrido.

 

La comunicación del evento adverso al paciente, no es un acto sino un proceso que supone el reconocimiento de que se ha producido un error pidiendo disculpas («lo sentimos»), la explicación honesta y sincera de sus causas y mantener informado al paciente de cómo evolucionan las consecuencias sufridas, así como la investigación de las causas que han provocado el error de qué resultado también debe ser informado el paciente.

Ya va siendo hora de que nos sacudamos de encima los miedos a las consecuencias legales y a la pérdida de prestigio profesional o de reputación de la organización que genera la producción de un evento adverso grave con daño y empecemos a actuar en consecuencia informando de forma veraz pidiendo disculpas a quien tiene todo el derecho a saber: el paciente.

Ello no obstante, como bien manifestó nuestro compañero Federico Montalvo en su ponencia ante el XXVIII Congreso Derecho y Salud celebrado en Bilbao los pasados días 19, 20 y 21 de junio, no se puede mejorar la seguridad del paciente sin mejorar la seguridad jurídica de los profesionales sanitarios y para ello no basta con poner parches, hace falta una reforma integral que, en opinión del Profesor Montalvo,  modifique el sistema de responsabilidad, afronte el grave problema de la medicina defensiva y establezca el baremo sanitario para indemnizar los daños sufridos a consecuencia de los eventos adversos.

 

Barcelona a 30 de septiembre de 2019.

 

 

Francesc José María Sánchez

Miembro de la Junta directiva de Asociación Juristas de la Salud

Francesc José María Sánchez

Abogado. Vocal de la Junta Directiva de AJS.

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